NEUTRALICEMOS NUESTRAS EMOCIONES PROVOCADAS POR EL DINERO

La actividad u oficio del trading no está reservada solo para unos pocos elegidos, para una minoría con altas capacidades y gran inteligencia. No.

Evidentemente, como cualquier otra profesión requiere de conocimientos, de entenderlos y de saber aplicarlos. Hay una parte técnica en ello, pero no es excesivamente difícil.

¿Qué hace entonces que se dé ese alto porcentaje de abandonos?

¿Por qué la gente acaba tirando la toalla?

La frustración.

 

Entramos en este mundo con unas expectativas tremendamente altas, esperando obtener resultados rápidos y como eso no ocurre en el 99% de los casos, uno pierde las ganas de continuar. Además de perder la cuenta en más de una ocasión.

La relación trading-dinero es inmediata, cuando uno gana en una operación, eso se traduce automáticamente, en dinero. De forma instantánea. Y también cuando pierde.

En la mayoría de los trabajos esto no ocurre, nosotros tenemos nuestro día a día y sabemos, o esperamos, que a final de mes tendremos unos ingresos. Pero la relación con el dinero no es tan cercana. Esto hace que ese sesgo humano de buscar la inmediatez en el resultado de nuestro esfuerzo no sea tan acusado. Y ni las emociones de euforia por ganar ni el dolor/frustración por perder se activan de igual manera.

En aquellos trabajos relacionados con la actividad comercial, muchas empresas buscan esa activación emocional humana, dando incentivos económicos por ventas. Pero aún así, la relación profesión-dinero no es tan alta.

En el trading sí. Aquí es directa, provocando fuertes sentimientos tanto en un sentido como en otro. Y esto es muy difícil de mitigar, por no decir casi imposible al 100%.

Entonces, ¿Cómo lo hacemos para que no nos influya tanto el resultado económico si no podemos evitar que sea inmediato? ¿Cómo desactivamos esa relación emocional con el dinero?

Yo propongo dos opciones.

Una. Desde el momento que entramos en este mundo, establecer unos objetivos parciales en el tiempo. Establecer unas fases.

Por ejemplo, darnos un plazo de X meses para aprender lo necesario en cuanto al análisis técnico (cómo se mueve el precio, estructuras, zonas de alta probabilidad…). No desviarnos de ese objetivo. Y trazar un plan:

  • Cómo me formaré.
  • Qué herramientas utilizaré (plataformas para ver y analizar los gráficos,…)
  • Determinar nuestro objetivo final en esta etapa, qué quiero conseguir.
  • Al llegar a ese plazo determinado, evaluar el progreso: ¿he conseguido mi objetivo? ¿qué me falta? ¿puedo pasar a la siguiente fase?

Segunda fase: Vamos a construir nuestro sistema de trading. Pongamos también fecha, establezcamos otro plan de acción.

Tercera fase: validemos técnicamente ese sistema de trading. Hagamos demo de X bloques de operaciones y determinemos qué queremos obtener en cada bloque para que nos dé luz verde para pasar a real.

Cuarta fase: empecemos nuestra operativa en real.

Y podemos pensar, que siempre acabaremos en la fase donde vamos a operar en real, con lo que tenemos el riesgo de caer en ese sesgo emocional vertiginoso provocado por las ganancias y las pérdidas.

¿Establecer fases, planes de acción, objetivos en el tiempo… va a hacer que me lo tome diferente cuando empiece en real?

Sí. Porque tu mente ha comprendido que el trading tiene un proceso, una secuencia de fases, hechos y objetivos que hay que ir cumpliendo uno tras otro. De forma que, casi subconscientemente, la impulsividad por hacer operaciones se ha reducido. Uno ha asimilado de forma natural, con ese seguimiento de todo el proceso y desarrollo como trader, que es un camino lento en el que hay que tener paciencia y que, como cualquier otra actividad/profesión, requiere de sus fases y de avanzar a través de ellas, sin saltarnos pasos.

Hemos sembrado en todo ese tiempo las semillas de la paciencia, nos hemos instalado el hábito de hacer las cosas poco a poco siguiendo un orden.

Y para añadir, propongo una segunda opción que puede ser complementaria a la primera.

Empecemos nuestra cuenta en real, asumiendo una pérdida máxima por operación muy pequeña, con un objetivo de ratio riesgo-rentabilidad determinado a priori, por ejemplo, de R2 (el doble de lo que arriesgamos), con lo que ni duela cuando perdamos ni saltemos de euforia cuando ganemos.

En esa primera fase en real, reduzcamos un poco ese componente emocional del trading, para centrarnos en la parte técnica y con el tiempo, a medida que vayamos consolidando conocimientos, experiencia y templanza emocional, vayamos incrementando esa pérdida máxima por operación al porcentaje que queramos respecto a nuestro capital.

Dos opciones, establecernos fases de desarrollo como traders, medidas en el tiempo con su análisis posterior para poder permitirnos avanzar en cada una de ellas, tomando conciencia de que el tiempo nos permite evolucionar. Y dos, en esa primera fase en real, desactivar un poco, mediante un riesgo por operación muy pequeño, esos extremos emocionales que podemos sentir cuando ganamos o perdemos dinero, para conseguir que estemos centrados en la operación en si mima y no en el resultado.

Con ello, ¿nos aseguramos la consistencia?

Por supuesto que no. Pero, sí que nos habremos permitido la oportunidad de intentarlo, saliendo de ese alto porcentaje que abandona a los 90 días.

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